viernes, 4 de noviembre de 2011

ANTROPOSOFIA.




¿Es el hombre un ser libre, o por el contrario está sometido a designios ajenos a su voluntad, y que determinan irremediablemente su existencia?

La evolución cultural de los últimos siglos ha llevado a posturas contrapuestas respecto a la concepción del hombre y de la vida, pero que de alguna forma coinciden en su respuesta a la pregunta anterior.
Por un lado existe la que podríamos denominar “visión científica”, según la cual el hombre es sólo un eslabón más en la cadena evolutiva, simple resultado de la selección natural y de las mutaciones debidas al azar. Según esto, el comportamiento del hombre está totalmente determinado por sus características genéticas (fruto del azar), y por las modificaciones que el ambiente (padres, educación, entorno social...) produce sobre esa estructura genética.

Por otro lado existe la llamada visión “religiosa”, según la cual todo lo existente, y en especial el ser humano, es obra de la creación de Dios. Toda la vida es un plan de Dios, y el hombre debe cumplir con sus designios, que nos han sido dados por las revelaciones de las distintas religiones.

Como vemos, las dos posturas, la evolucionista y la creacionista, reducen al hombre al papel de mero objeto de causas ajenas, y por tanto carente de libertad.

Sin embargo todo hombre lleva dentro el anhelo de libertad, y también, de forma más o menos consciente, la necesidad de comprender el sentido de su vida y de su existencia.

Si fuera correcto el enfoque evolucionista, ¿cómo se explican el anhelo de libertad y la búsqueda del sentido de la vida, y qué relación tienen con la lucha por la supervivencia y la adaptación al medio? ¿Acaso la poesía, la literatura, la música, la pintura... no ponen de manifiesto que en el hombre existe un principio superior que no se mueve por la necesidad? ¿Acaso la capacidad del ser humano de descubrir las leyes de la naturaleza no pone en evidencia que él puede comprenderlo todo? ¿Y acaso eso no nos muestra que en él también existe un impulso creador, quizás el mismo principio creador que se manifiesta en la naturaleza?

Si fuera cierto que todo es sólo una creación de Dios, y que al hombre sólo le corresponde obedecer sus mandatos para alcanzar la salvación, entonces, si el hombre sólo puede creer y obedecer, y es incapaz de comprender, ¿cómo podemos hablar de responsabilidad moral en el hombre? ¿Y cómo podemos compaginar los mandamientos tan distintos de las diferentes religiones? ¿Con qué criterio consideraremos correcta a una religión y no a otra?.

Todos estos planteamientos han llevado a una dicotomía entre fe y razón, entre religión y ciencia, y actualmente se acepta con resignación que son dos conceptos incompatibles. Sin embargo, a principios del siglo pasado, Rudolf Steiner, científico, filósofo y artista, proclamó de una manera abierta y precisa, que el camino hacia el conocimiento del hombre y del universo ya era posible para todo aquél que quisiera seguirlo, y que ese camino lleva a la libertad. Y no sólo dio a conocer todos los conocimientos por él adquiridos con el mismo rigor de la ciencia, sino que enseñó todas las pautas para que los demás pudieran descubrirlo por sí mismos. Ese camino de conocimiento es la antroposofía, un camino que nos permite descubrir y vivenciar quiénes somos y cuál es nuestra relación con el Cosmos. Es la realización del mandato de los antiguos oráculos: “Hombre, conócete a ti mismo”. En ese camino el hombre va descubriendo las leyes espirituales que rigen la existencia, y al igual que el descubrimiento de la ley de la gravedad permitió al hombre liberarse de ella y volar, también el descubrimiento de las leyes espirituales da al hombre la posibilidad de la libertad en todos los ámbitos de la vida. Por eso la antroposofía es un camino hacia la libertad.


EL PADRE DE LA ANTROPOSOFIA.

De padres austríacos, Rudolf Steiner nació un 25 de febrero de 1861 en Kraljevec (antes Murakirály), una pequeña localidad al norte de Croacia, entonces parte del imperio austro-húngaro. Creció en la región de Burgenland, en el extremo oriental de Austria, vivenciando la naturaleza y observando el paso rutinario y puntual de los trenes (su padre fue jefe de estación del ferrocarril).

A los 18 años (1879) ingresó en el Instituto de Tecnología (Technische Hochschule) de Viena donde cursó ciencias naturales, matemáticas y filosofía.

En 1882, un año antes de graduarse, uno de sus profesores en Viena propuso a Steiner como editor científico de una nueva edición de las obras de Goethe. Como resultado de este trabajo, en 1888 fue invitado a trabajar como editor en los archivos de Goethe en Weimar (Alemania), donde permaneció hasta 1896. A partir de sus estudios científico-filosóficos sobre la obra de Goethe, Steiner escribió la “Teoría del conocimiento basada en la concepción del mundo de Goethe” y “Goethe y su visión del mundo”.

En 1891, se doctoró en filosofía en la Universidad de Rostock, Alemania, con una tesis luego ampliada y publicada como “Verdad y Ciencia”. Tres años más tarde escribió su obra filosófica más importante: “La Filosofía de la Libertad”, una obra epistemológica que muestra el camino para alcanzar la libertad espiritual del ser humano a partir de un individualismo ético y moral libre de prejuicios.

Además de su obra escrita que incluye también teatro: los Dramas Misterio, Steiner dio aproximadamente 6000 conferencias sobre un amplio abanico de temas: educación, medicina, agricultura, temas sociales, ciencia y arte. Desarrolló las bases para la pedagogía Waldorf (hoy en día convertida en una red escolar mundial), la agricultura biodinámica (pionera y anterior a todas las agriculturas ecológicas actuales), la medicina antroposófica y la euritmia o arte del movimiento. En lo social retomó los auténticos valores de la revolución francesa hasta entonces no bien entendidos desarrollando la idea de la triformación del organismo social: (libertad en las ideas, igualdad en lo jurídico y fraternidad en lo económico). También escribió obras de teatro: los Dramas Misterio y diseñó los dos edificios Goetheanum en Dornach (Suiza) para, entre otras cosas, poder representarlos. Estos edificios son reconocidos como obras maestras de la arquitectura moderna (el primero edificio, de madera, fue destruido por un incendio y en su lugar se construyó el actual Goetheanum a base de hormigón armado),

Pero la aportación más trascendental y decisiva de Steiner fue el desarrollo de la Antroposofía o Ciencia Espiritual Antroposófica, cuya metodología logra trascender los supuestos límites impuestos al conocimiento humano por Kant. Steiner, en “Cómo se adquiere el conocimiento de los mundos superiores” y también en la segunda parte de “La Ciencia Oculta”, habla con detalle de este camino de conocimiento espiritual. Como ideas de la Antroposofía cabe destacar la importancia del desarrollo espiritual del ser humano como fundamento de una vida social, artística y científica sana, el significado del karma y de la reencarnación y sobre todo la figura de Cristo como acontecimiento decisivo y piedra angular para la evolución de toda la humanidad.

Con el fin de que el movimiento antroposófico tomase forma en las condiciones adecuadas, Steiner, después de un período inicial de colaboración con la Sociedad Teosófica, creó en 1913 la Sociedad Antroposófica y procedió a refundarla diez años más tarde, durante el Congreso de Navidad de 1923, como Sociedad Antroposófica General.

Rudolf Steiner murió en Dornach el 30 de marzo de 1925, con 64 años de edad y 15 meses después del Congreso de Navidad.

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